Amy Clifton, a los cuatro años, ya sufría insomnio, pesadillas y somnolencia diurna. A pesar de estos síntomas, no fue hasta casi tres décadas más tarde que los médicos identificaron y trataron su narcolepsia tipo 1.
El caso destaca la importancia de una evaluación exhaustiva en trastornos del sueño, pues la falta de diagnóstico puede llevar a una vida marcada por el agotamiento y alucinaciones que afectan la calidad de vida.
Fuente: Salud y bienestar




