Entre la segunda y tercera torre, el estruendo de las armas rompió la rutina: un vehículo fue interceptado y, sin tregua, comenzó el fuego cruzado.
El blanco: el copiloto, fue herido de gravedad, sus propios acompañantes intentaron salvarle la vida, conduciéndolo a toda velocidad hacia el hospital.
Pero el destino ya estaba escrito. Al llegar a la rampa de ingreso, su cuerpo ya no respondía. Murió antes de cruzar la puerta.
En el lugar del ataque quedó su hermana, testigo directo del horror.
El impacto emocional fue devastador. Entró en crisis nerviosa y, al ser diabética, se desplomó.
Elementos del grupo Geavig acudieron para brindarle atención inmediata.
La Invasión Bali Torres, una zona marcada por la tensión y la violencia, vuelve a teñirse de rojo.
Las autoridades investigan. El silencio de los testigos pesa. Y la pregunta flota en el aire: ¿quién será el siguiente?
