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Morena y su fe en el control divino

Por Luis Mis – Gato Maya 🐾

Parece que en Morena ya no les basta con administrar la política, la economía y los discursos; ahora también quieren meterle mano al cielo. Porque según la nueva ocurrencia del diputado Arturo Ávila Anaya, el gobierno debería tener la facultad de vigilar lo que las iglesias, los sacerdotes y los creyentes publican en redes sociales.

Sí, así como lo oye: ni el mismísimo Dios se salvaría de los lineamientos de la Secretaría de Gobernación y su futura “Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones”. Qué bonito suena, ¿verdad? Un Big Brother celestial disfrazado de regulación digital.

El obispo de la diócesis Chetumal–Cancún, Pedro Pablo Elizondo, levantó la voz el domingo para pedirle a Morena que respete la libertad religiosa y deseche semejante disparate legislativo. Y tiene razón: esto no es una ley, es una confesión… pero de autoritarismo.

La iniciativa, publicada en la Gaceta Parlamentaria desde el 28 de octubre y empujada de nuevo el 7 de noviembre, pretende que los contenidos religiosos en redes, plataformas y medios digitales queden sujetos a revisión gubernamental.

En otras palabras, el sermón dominical necesitaría visto bueno de Bucareli. Y claro, las iglesias tendrían 180 días para alinearse… perdón, para “regular sus medios digitales”.

Lo irónico es que mientras el país se desangra entre inseguridad, desapariciones y crisis moral, los cerebros del oficialismo creen urgente vigilar los tuits del padre Juan o los posts del grupo de oración.
No hay agua, no hay medicinas, no hay paz… pero eso sí: habrá censura con espíritu de transformación.

El obispo Elizondo lo dijo sin rodeos: esto no solo vulnera la libertad religiosa y de expresión, también pisotea el carácter laico del Estado mexicano. Y es que la laicidad no significa silenciar la fe, sino garantizar que todas las voces —creyentes o no— puedan coexistir sin miedo al castigo político.

Pero parece que al régimen no le gusta el ruido espiritual. En su lógica, el ciudadano ideal no reza, no protesta y, si puede, tampoco piensa.
Y así, entre “consultas populares” y “agencias digitales”, el gobierno se va construyendo su propia teocracia sin Dios: una religión del control, con dogmas de partido y liturgia electoral.

México tiene siglos de historia luchando por separar la cruz del poder y el poder del púlpito. Pero Morena parece empeñada en confundir los altares con los algoritmos.

Si al rato vemos a un funcionario pidiendo diezmo digital o autorizando los rosarios vía streaming, no se sorprenda. Así empieza todo: con leyes absurdas, envueltas en el celofán de la “transformación”.

Porque, al final, el problema no es que el gobierno quiera vigilar a Dios.

El problema es que, con tanto control y tanta soberbia, ya se creen Dios.

#FeSinPermiso

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