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Monociclo extremo; la delgada línea entre el circo y el deporte

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Jóvenes mexicanos buscan que esta práctica sea reconocida como ocurre en países europeos y estados Unidos. Llegar a competir al lado de la alemana Sophia Pellmann

CIUDAD DE MÉXICO.

Arturo Vera y Ana Victoria han gastado parte de sus vidas en una rueda. Son artistas del monociclo y buscan que esta actividad sea reconocida en México como una práctica deportiva tal y como ya se hace en Europa y Estados Unidos.

Arturo, de 22 años y casi cinco haciendo monociclismo extremo, formó el grupo Love and Roll, el cual se ubica en el Estado de México y realiza exhibiciones y competencias en calles y parques de la Ciudad de México y la periferia.

Arturo ha ganado varias distinciones a nivel nacional, participando con equipos como el Team de Culiacán, la Unión Monociclismo de Morelia y los Monopsyko de Monterrey. La más reciente fue en la prueba llamada Gladiadores “donde se trata de derribar a todos los monociclistas participantes, en una batalla campal en la que gana el último que queda arriba de su monociclo”.

Explica el entrevistado que en colonias de Ecatepec “se ha implementado esta práctica deportiva como una manera de neutralizar la violencia. Los participantes poco a poco buscan hacer figuras, saltar obstáculos e incluso brincar de una superficie a otra, hasta realizar carreras de velocidad”.

Este deporte no sólo es para los varones. Ana Victoria, también de 22 años, es un ejemplo de que las mujeres también están brillando en una rueda, de ahí que existan grupos como el de Oblígame, perro, en el que ella participa.

Ana comenta que se han inspirado en la competidora alemana Sophia Pelmann, quien vive en Los Ángeles y con quien “hemos tenido contacto a través de las redes sociales. Sophia es una de las atletas más reconocidas a nivel mundial y nos ayuda para crecer como grupo y buscar que en México el monociclo se convierta en un deporte federado”.

Ana y Arturo platican que en México un monociclo se puede conseguir en dos mil pesos en tiendas comerciales, aunque para competir se necesitan piezas para alto impacto, por lo que al integrar piezas especiales, el monociclo puede subir hasta 23 mil pesos. “En el extranjero, los monociclos pueden valer unos 70 mil pesos”, dice Arturo Vera.

Y, como deporte extremo, el monociclista no está exento de lesiones. Arturo, por ejemplo, ha tenido esguinces en tobillos. Por ello es necesario el uso de espinilleras, casco y coderas. Él dice que “el monociclo es más seguro que una bicicleta”.

El promedio de edad entre los participantes es entre los 15 y los 40 años. En nuestro país son apenas unos dos mil monociclistas integrados en pequeños grupos, mientras que en Europa hay tres millones de competidores registrados.

Señala Ana Victoria que en Francia existe una revista especializada en monociclismo llamada Le Jirafe, la que edita la federación de monociclistas en el país galo. “En Francia el monociclismo ya es reconocido como deporte, tienen espacios exprofesos para su práctica y se multiplican las competencias”.

Desde 1984 existe el Campeonato de monociclismo celebrado cada dos años por parte de la International Unicycling Federation (IUF), el cual se ha celebrado en países como Estados Unidos, Japón, Puerto Rico, Canadá, Inglaterra, Alemania, China, Suiza, Dinamarca, Italia y España.

Las competencias van desde exhibiciones artísticas individuales o por pareja, además de carreras de pista de 100, 400 y 800 metros. Para los de larga duración existen las pruebas de diez mil metros, monociclismo de montaña y el extenuante maratón.

Por si esto es poco, también hay competencias por equipos como el hockey, el baloncesto y el futbol americano.

Las modalidades

En el monociclismo extremo todo se vale: saltar, bajar escalones, realizar descensos vertiginosos, realizar infinidad de trucos, así como carreras de larga distancia.

 

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