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Una imagen horrible de México

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Las imágenes de un México policiaco, represor de migrantes extranjeros, han comenzado a aparecer.

Los que cruzan tienen miedo de que las autoridades mexicanas los detengan, maltraten y les quiten su dinero.
Hace unos meses, en esta columna, decía que el presidente Donald Trump, de Estados Unidos, nos estaba obligando a vernos al espejo y preguntarnos qué tipo de país queríamos ser. Hoy ya tenemos una idea.
Por una parte, queremos continuar con el exitoso modelo de desarrollo económico basado en el libre comercio. Es una victoria cultural del neoliberalismo ver a personajes emblemáticos de nuestra izquierda, como Martí Batres, defendiendo el nuevo tratado comercial con Estados Unidos y Canadá. Hoy, hasta la izquierda más radical se ha convencido de las grandes ventajas del libre comercio para los productores y consumidores mexicanos. Eso se lo debemos, aunque ellos no lo digan, al modelo neoliberal.
Muy bien. Es una buena imagen la de un México comercialmente abierto y dispuesto a competir con el mundo. Contrasta, sin embargo, con el otro lado de la moneda.
Para seguir adelante con este modelo, con el fin de evitar que el presidente Trump impusiera aranceles a nuestras exportaciones, tuvimos que acceder a hacerle la labor sucia de detener a los migrantes extranjeros que atraviesan por territorio nacional rumbo a Estados Unidos.
Parece un chiste o una exageración, pero no lo es: sí, nos hemos convertido en el mentado muro de Trump; y, sí, lo estamos pagando nosotros. Vaya situación para un país como México con tantas carencias y millones de migrantes indocumentados en Estados Unidos.
Las horribles imágenes de un México policiaco, represor de migrantes extranjeros, han comenzado a aparecer. Este fin de semana, la agencia AFP publicó una fotografía donde se ve a miembros de la Guardia Nacional mexicana impidiendo que una familia de centroamericanos cruce el río Bravo en Ciudad Juárez, Chihuahua. He ahí el testimonio de las autoridades mexicanas realizando las labores sucias de contención que nos impuso Trump a cambio de levantar la amenaza de los aranceles.
Ayer, un artículo en The New York Times daba cuenta de cómo la llegada de militares mexicanos, con brazaletes de la Guardia Nacional, estaba afectando ya a nuestra porosa frontera sur con Guatemala. El miedo cunde en la región. Los que quieren cruzar rumbo a Estados Unidos tienen miedo de que las autoridades mexicanas los detengan, maltraten y les quiten su dinero. No obstante, todos manifiestan su determinación de hacer realidad su sueño, aunque ahora sea más difícil por la presencia de las Fuerzas Armadas mexicanas (además, como efecto secundario del endurecimiento fronterizo de México, existe una disrupción en el intercambio de productos comerciales, mucho del cual se hace en las improvisadas balsas que cruzan cotidianamente por el río Suchiate).
De acuerdo a esta nota, los coyotes están retrasando o cancelando los viajes hacia Estados Unidos. La estrategia, al parecer, está funcionando para, temporalmente, disuadir a los posibles migrantes a viajar vía México. No por nada, el presidente Trump ha felicitado en varias ocasiones al gobierno de López Obrador por detener el flujo de migrantes aquí en México.
Sin embargo, en el artículo, David Tobasura, consultor en inmigración basado en Chiapas, menciona una verdad de a kilo: “Esto va a ser como cuando Trump se convirtió en Presidente y la tasa de migración bajó durante varios meses, pero luego volvió a subir de nuevo. Esto no va a parar la migración. Seguramente regresará en algunas semanas o meses. Será igual que antes”.
Pues sí, porque nadie, en el mundo, ha encontrado una solución definitiva para detener a personas empeñadas en migrar para mejorar su situación económica o de seguridad. Nadie. Ni Estados Unidos con su potente economía y sus grandes capacidades gubernamentales ha podido. Cuando construyeron su muro en algunos pedazos de su frontera con México, los migrantes se fueron a cruzar al desierto, aunque esto incrementara exponencialmente el peligro. Ya parece, entonces, que México, con una economía más chica y capacidades gubernamentales más limitadas, va a poder contener este problema.
No lo vamos a hacer. Quizá temporalmente vaya a bajar el flujo de migrantes que cruzan por territorio nacional. Trump estará contento y seguirá felicitando a AMLO. Mientras tanto, continuaremos viendo más imágenes horribles de militares mexicanos deteniendo familias, separándolas y encerrándolas. Luego empezará a subir de nuevo el incontrolable flujo, Trump se enfadará y nos volverá a amenazar con los aranceles.

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