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Venezuela, o la potencia del deporte en tiempos de guerra

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Caracas comienza al alba de lunes a lunes. Los domingos son días de mercado de comida, como el que se instala sobre la avenida Baralt, en el oeste de la ciudad. Al finalizar la Baralt comienza la Boyacá, conocida como Cota Mil, que bordea Caracas desde lo alto, al pie del Ávila, la montaña que separa la ciudad del mar Caribe.

De un lado, la capital: sus barrios, centros, magias y furias. Del otro, manantiales —fuente de agua para los caraqueños en tiempos de crisis—, miradores, lo imponente de la naturaleza verde y flores del trópico.

La Cota Mil queda cerrada en parte los domingos para que las familias disfruten, paseen con los niños. Caracas tiene su dinámica cotidiana como cualquier otra ciudad, comidas, risas, quioscos, motos, salsa y reggaetón, una superficie de tranquilidad en tiempos de bloqueo económico y precios en hiperinflación. La ciudad no es tanguera, aunque tiene nostalgias de la gente que se fue.

Lateral a donde se reúnen la Baralt y la Cota Mil está el barrio El Retiro, que pertenece a la parroquia Altagracia. Está cerca del Panteón donde se encuentra enterrado el Libertador Simón Bolívar. El Retiro es intersección entre centro y periferia, clases medias bajas y sectores humildes.

Se puede ver en su arquitectura, donde por un lado existen calles trazadas, con sus aceras con árboles inmensos y casas acomodadas una al lado de la otra, y por el otro lado las zonas que fueron ocupadas a partir de los ochenta por la gente a fuerza de necesidad, con callejones como laberintos donde a veces las motos no logran abrirse paso y las ventanas quedan una frente a la otra con pocos centímetros de distancia.

En el corazón de ese barrio hay una cancha techada bautizada Brisas del Ávila. Cerca está el Hospital Vargas, un módulo policial, pequeños comercios, una calle céntrica. Dentro de esa cancha, pintada hace pocas semanas, se suceden los partidos de fútbol de chicos y chicas que miden desde muy poquito hasta entrados en adolescencia.

En las tribunas están los familiares de los jugadores, una vecina que ha instalado un puesto de chupetas y caramelos, los organizadores del campeonato con sus planillas de inscripción, y una corneta por donde pasan música o dan la bienvenida a los Juegos Comunales Caracas Caribe 2019.

Es uno de los tantos partidos que se suceden en simultáneo este domingo. En total, con los del sábado y el viernes, son 382 juegos en tres días. El campeonato tiene 1.692 equipos inscritos, 548 más que el año pasado que fue la primera celebración de los Juegos Comunales.

La política fue diseñada por la Alcaldía de Caracas en un plan que ordenó el territorio en ocho ejes comunales: cada eje, compuesto de varias parroquias, tiene su campeonato, quienes ganan se enfrentan luego a los vencedores de los otros ejes, hasta llegar al equipo campeón de Caracas, que luego juega a nivel nacional en el campeonato de octubre. En total son ocho disciplinas deportivas.

“Aquí no estamos buscando atletas de alto rendimiento, sino un espacio colectivo que sirva como formación integral, con códigos de respeto, y es importante por el impacto que tiene, imagínate, saliste de un barrio y vas a representar a Caracas a nivel nacional, eso es una fiesta para la familia, un orgullo”, dice a Sputnik Harold Ramos, presidente del Instituto Municipal de Deportes y Recreación de la alcaldía.

La cancha es un espacio de encuentro social, pertenece a la comunidad, la alcaldía trajo los balones, las mallas, la organización y el arbitraje.

“En la comuna se están desarrollando políticas de deporte que ayudan a los niños a matar su tiempo de ocio, hacerlos cumplir con reglas, es importante que se potencien estas oportunidades, porque al haber políticas deportivas, habiendo niños haciendo deportes les damos perspectivas y ocupaciones”, dice Diana Dilone, madre de uno de los niños que está en la cancha.

Al hablar de la comuna, la mujer se refiere a la Comuna Zona Norte, organizada en el barrio El Retiro, conformada por doce consejos comunales, donde ella misma participa y fue vocera hasta hace poco tiempo.

La cuestión de la juventud es central y compleja. El cuadro económico no impacta de la misma forma según las clases sociales y las edades, tanto en lo material como en las subjetividades. ¿Qué posibilidades tiene un joven de una barriada popular para estabilizarse económicamente?La metamorfosis es profunda: un PIB que se ha reducido en un 52% del 2013 al 2018 —según datos del Banco Central de Venezuela—, un bloqueo internacional que se profundizará según anuncian quienes comandan las operaciones desde EEUU, aumentos hiperinflacionarios de precios, una dolarización de hecho en sectores de la economía, una emigración como promesa de crecimiento y ayuda a la familia desde la distancia.

¿Qué respuestas encuentra un joven que ingresa al mercado laboral? ¿Qué promesa de futuro propone la revolución y cuánta distancia guarda con las realidades que vive? La posibilidad de enfrentar los golpes no es la misma para quien peleó en las épocas anteriores al chavismo, para quien se formó en tiempos de Hugo Chávez, y para quien ingresa en la adolescencia/adultez en este momento. No hay respuesta mágica, única.

“Desde un tiempo para atrás hemos visto cómo el deporte se ha transformado en un bastión de defensa y de aguante en la juventud, una juventud que se niega a regalar sus sueños, a dejar de luchar, a darse por vencida, y se sigue manteniendo, realizando sus actividades lo más normal posible dentro de lo que cabe”, dice Ricardo Noite, entrenador en la escuela de fútbol Los Grandes De Lídice. Los Juegos Comunales son una política para masificar esa potencia del deporte en tiempos de guerra.

Existe una dimensión de la resistencia material y de ideas. En la Comuna Zona Norte, mientras los jóvenes están en la cancha, se lleva adelante la reunión del estado mayor de alimentación. Participan voceros y voceras de los doce Consejos Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), del Parlamento comunal —el órgano legislativo de la comuna—, de las casas de alimentación —cuatro en total— y representantes de instituciones estatales.

La cuestión de la comida tiene una dimensión central, no porque falte, sino por los altos precios de los alimentos en bodegas, mercados y supermercados.

Los juegos de fútbol, el estado mayor de alimentación, los consejos comunales, la comuna, todos tienen un elemento en común: la resistencia colectiva ante las tendencias que buscan desintegrar lazos, familias, solidaridades, igualdades.

Se trata del tiempo largo de la pelea, el de los sentidos comunes, las pasiones alegres enfrentadas a las tristes, a la estrategia de desintegración puesta en marcha contra el proceso chavista, que tiene entre sus objetivos reformatear la sociedad allí donde se dieron las transformaciones profundas, es decir los sectores populares. El tiempo de los sectores sociales fundados en el sueño de Miami, la reproducción de privilegios heredados y el mito de la meritocracia es profundamente distante a este.

Los partidos duran hasta pasado el mediodía. Los equipos se suceden, las gradas siguen llenas, la señora que vende chupetas y caramelos continúa junto a su puesto, los vecinos pasan, observan, continúan sus actividades de domingo. La Cota Mil se mantiene cerrada al pie del Ávila, algunas familias pasean, disfrutan de la calma.En el mercado de la avenida Baralt se retiran algunos puestos de comida, el domingo toma forma de tarde, de regreso a las casas, de un lunes que comenzará al alba como cada día. La resistencia es diaria, invisible, colectiva, dentro de cada casa, en los espacios públicos y comunitarios, es Caribe.

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